Dos poemas para el eros universal.
Ese talento tuyo
al encuentro de otro cuerpo.
de entrar en cada oquedad
y calzar en cada una de ellas.
Ese talento de ir tan allá,
tan lento en otro cuerpo,
De verterse como agua
y correr como un río.
Después de anoche
Torcer la noche en día,
vivir de la alegría,
Volcarse como un tintero
sobre el papel de la vida,
Llenar cada renglón del día
con una voz de la noche.
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